Archive for 31 julio, 2016

Tropezones 2

¡QUÉ RUIDO!

La coleccionista de ruidos espera con impaciencia a que llegue el paquete. Este contiene una docena de ladrillos que le han enviado desde el último festival de música al que ha asistido. Allí, ha presentado sus creaciones más recientes y está radiante con el resultado. Mira la hora por quinta vez en diez minutos y, como era de esperar, el reloj no ha avanzado más de lo debido.

La coleccionista de ruidos vive entre algodones, literalmente hablando. No debe permitirse tocar, arañar ni tan siquiera rozar cualquier superficie, objeto o ente con el que tenga posibilidad de cruzarse en sus quehaceres caseros; si así ocurre -y en ocasiones ocurre-, ello puede provocarle un estado de éxtasis inmediato que despierta su creativa obsesión crónica por la composición de ruidos. Ante tamaño diagnóstico Read more

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Tropezones 1

MOVIMIENTO VECINAL
El fantasma de la calle del Abeto nº 34, pasa las noches colándose en casa ajena para besar en la mejilla a quien duerma en ese momento. Así mantiene despistado al vecindario pues ya sea en la cola del pan o tomando el aperitivo, no hay día que alguien no comente esa extraña sensación a altas horas de la madrugada cuando una humedad -entre placentera y desconcertante- le hace despertar.

Esa mañana el sorprendido será el fantasma cuando dejen en la puerta de la casa que habita en soledad un retrato, un retrato a color, más concretamente un retrato a color de una mujer, una mujer que no conoce. A partir de entonces, toda la calle del Abeto duerme de un tirón, todos menos la mujer del retrato. Un retrato sellado de besos.

LAS MEJORES VISTAS
La joven cineasta que viaja por la isla buscando localizaciones para su primera película, pone todo su empeño en ser amable con los lugareños: prueba su comida, se interesa por su idioma y pregunta acerca de sus tradiciones, y es que todo es poco para conseguir mantener contento y apaciguado al volcán que gobierna la isla. Hasta que llega la hora de la cena.

Cuando le sirven la sopa y antes de que pueda introducir por segunda vez la cuchara en el bol, una cuchara ajena dirigida por una mano no amiga toma de su sopa sin preguntar, mirar o ni tan siquiera pedir permiso. La joven no sabe bien qué decir o si decir, no está segura de si debe o no protestar y aguanta la impertinencia interpretando que quizá se trate de una costumbre local, así desde el primer plato hasta el postre. Entonces, esa misma mano intrusa vuelve a trasvasar hasta su plato un par de dulces caseros.

El volcán respira aliviado. El reto ha sido superado. A la mañana siguiente y de un soplido, despeja la bruma compacta que había cubierto durante días la laguna para ofrecerle a la cineasta, las mejores vistas.

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Urdimbre(s)

La escritora que está totalmente bloqueada -porque por más que lo intenta ninguna idea le acaba de convencer-, sigue persistente en su empeño. Baraja personajes y contextos, pero acaba sacándose un as de la manga; sopesa acciones y actitudes, hasta que la balanza pierde todos sus decimales, y hace lluvia de ideas mentales que acaban derivando en tormentoso batiburrillo de síes, noes y peros. Al final, extenuada, acaba por dejarse caer sobre la alfombra con el cerebro seco. La frustración se mofa en su cara y la rabia de esa risa maligna que solo ella permite y provoca, hace aún más grandes las carcajadas.

Y de repente,…, Leonarda, Modesta, Carmela,…, –¿esto qué es?-. Nombres propios asoman por su cabeza pero ella no les hace mucho caso. No se fía nada de nada. Está agotada de tanta frustración, Read more

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