Algo mejor que hacer

Muere el tercer sin hogar en Valencia, en el mes de febrero. Así decía el titular que ella leyó mientras apuraba el café que había pedido para hacer tiempo a que llegara la hora. En principio no dejó de ser un dato más, de esos que caminan en círculos durante unos minutos, un día entero con suerte si te pilla de bajón, para evaporarse automáticamente mezclado con el claxon de un coche que te avisa de que el semáforo ya cambió de color. Pero no fue el caso. Empezó a pensar

en los motivos por los que el citado individuo pudo llegar a perder su hogar; a intentar imaginar -obviamente sin ningún éxito- cómo podría ser eso de no volver a casa cada tarde o salir de ella por las mañanas. Y tembló de miedo, igual que él temblaría de frío esa última noche y muchas otras antes. Y una lágrima quiso salir, como muchas quiso él dejar correr cuando todavía creía que solo era algo temporal. Y su mirada se detuvo en las espaldas de un anciano que, al otro lado del cristal de la cafetería, sostenía un vaso de plástico en el que de vez en cuando caía alguna moneda. –Podría ser mi padre– pensó, –y mañana, podría ser él quien ocupara el titular del periódico-. Y se enterneció, e ideó todo un plan de salvamento en el que ella le compraba un bocadillo y una bebida caliente, le daba conversación, le hacía sonreír y acababa dándole motivos para seguir viviendo. Un sonido cualquiera de whatsApp la arrancó del guion de su película. –¿Dónde estás?, llevo diez minutos esperándote-. Se le había hecho tarde. En unos segundos pidió la cuenta e hizo una visita meteórica al baño para salir corriendo, procurando no resbalar con la lluvia que llevaba limpiando la ciudad toda la tarde.

A la semana siguiente volvía a estar tomando otro café en el mismo lugar y a la misma hora, pero el anciano ya no estaba. Y no pudo hacer tiempo con él inventando historias terapéuticas con las que compensar su inconfesable apatía vital.

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9 comments

  1. Celia Sánchez dice:

    Te echaba de menos, el otro día lo comenté con Chusa. Bonita y triste historia y bastante cotidiana en nuestros días. El relato me ha parecido natural como la vida misma, situaciones que todos vivimos, pensamos y “pasamos”. Felicidades y un beso. Ah! no tardes en escribir.

  2. Enric dice:

    Has escrito algo que me ha pasado!

  3. Javier dice:

    Bonito…Solemos ser totalmente ajenos a la guerra interna que cada uno de nosotros está librando…procuro estar atento en esos momentos de epifanía.
    🙂

  4. Ana Poveda dice:

    Dos sin hogar…Uno físico,la otra existencial.

  5. Gemma dice:

    Muy bonito Virginia, me gusta saber que todavía somos muchas personas las que empatizamos con otras.
    Tierno, duro y esperanzador

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