Botón de bata

El hombre abre la puerta y antes de que pueda decir nada, recibe IMG_0729 - copiaun tiro en el pecho. Cuando recobra la vista tras haber cerrado automáticamente los ojos, se da cuenta de que sigue vivo y todavía más, que no parece que vaya a morir pronto. Salvando el hecho de que tiene un agujero inesperado en su cuerpo, una bala en alguna parte de sus órganos internos y un susto considerable, se encuentra bastante bien. Ni dolor, ni mareo, ni debilidad ni ganas de vomitar. De modo que cierra la puerta de entrada a la casa, da media vuelta y se dirige por el pasillo en “L” hasta el cuarto de baño. Tiene curiosidad por mirarse de cuerpo entero en el espejo: la herida es escandalosa pero bonita, si es que semejante adjetivo es apropiado para tal sustantivo. Duda si hacer un intento por curarla pero la sangre le da aprensión, así que recuerda que su madre está en el saloncito y se acerca. La señora lleva toda la tarde viendo en la televisión magazines de cotilleo con los que olvidar, por unas horas, su insulsa y prescindible existencia. Se pone delante de su madre pero parece dormir plácidamente con la cabeza torcida en el sofá y ni siquiera las gotas de sangre salpicando la alfombra que, diariamente ella aspira con paciencia infinita, son capaces de despertarla. Al final decide regresar a su habitación. Allí había dejado a medias un puzle y retoma la búsqueda de diferentes tonos de azul y blanco para acabar el cielo. Tanto se mete en la tarea que, por un instante, ha logrado olvidar que está gravemente herido y que alguien ha querido acabar con él. ¿Pero quién, y sobre todo, por qué motivo? No hay nada que logre darle una pista. Su vida es tranquila tirando a aburrida y que él sepa no tiene enemigos. ¡Pero si se pasa la semana yendo y viniendo en su rutinario trayecto como conductor de autobús desde la playa a la ciudad!,…, siempre el mismo itinerario, las mismas paradas y casi casi, las mismas caras. Eso sí, charla no le falta pues nunca para de hablar con quienes se sientan en los primeros asientos. Su favorita es esa mujer mayor -ahora que lo piensa, nunca le ha preguntado el nombre-,…, coincide con ella todos los sábados por la noche justo en su último servicio de vuelta a la playa, y ella le cuenta las horas en el baile con sus amigas, lo bien que se lo pasa, la música que practican, los modelitos que se ponen y dónde los compra, si han ligado o no esa tarde,…, él le escucha encantado. Le recuerda en parte a su madre, o lo que él hubiera deseado que fuera su madre,.., quizá por eso ha terminado sintiendo que tienen tanta complicidad y quizá, por eso, le ha contado cosas que nadie más conoce. De hecho es la única que sabe que hace ya un año que sale con una chica que aspira a ser fotógrafa profesional. Madre mía, si su madre se enterara, con lo celosa y posesiva que es, ¡y encima artista!,…., ¡lo que llegaría a ser capaz de hacer,…, alguna barbaridad, seguro…!
De repente y en un meteórico flash-back visual, cae en la cuenta de que es el primer sábado que está de vacaciones, que aquello que le pareció ser efecto del disparo en sus ojos eran en realidad un par de lentejuelas caídas sobre los pelillos de la alfombra y que, efectivamente, resultaba muy extraño que su madre tuviera la bata mal abrochada. Bocazas.

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3 comments

  1. Victor dice:

    Me encantaaaaaaaaaaa jajajajaja

  2. Ana Poveda dice:

    No sé si llego a entenderlo pero me gustó leerlo.

  3. Ana Poveda dice:

    Aaaah,¡ahora sí!Por el título…Je,je.

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