Caja de honestidad (Honesty box)

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Si buscamos en el diccionario el significado de la palabra “honestidad”, éste nos conduce a una serie de adjetivos asociados a cualidades como la decencia, la justicia, la rectitud o la honradez. ¿Podéis imaginar una caja que tuviera en su interior semejantes ideas? No sé bien cómo podría materializarse ni tampoco alcanzo a creer que pudiera tener algún precio o lugar que lo vendiera; pero esta caja existe, realmente existe.

El pasado mes de julio, pasé una semana en Cornualles (sudoeste de Inglaterra). Durante una de las muchas rutas que pude recorrer a pie, (concretamente entre The Monkey Sanctuary y el pueblo de Looe), mis cuñados (residentes en el Reino Unido), decidieron hacer una parada en medio del camino. Pararon a comprar, pero allí no había comercio, puesto ni supermercado alguno. Era la entrada a una propiedad que no podía alcanzarse a ver, un simple camino en cuyo comienzo, el dueño (seguramente), había colocado una pequeña estructura metálica con un cesto y distintos productos dentro: había espárragos, huevos, fresas, tomates y ruibarbo. Enganchado en la valla del camino (tal cual puede verse en la imagen), un cartel indicaba el precio de los productos, y un bote de cristal, era toda la caja registradora que allí podías encontrar. Ni cámaras de vigilancia, ni ojos que controlaran que nadie robara nada. Porque algo que a mí me pasó por la cabeza en seguida, es lo último que algún lugareño podría llegar a plantearse.

No entiendo de Economía, con mayúsculas, la de los telediarios y las agencias de calificación, la de las cifras inmorales y las palabras incomprensibles. Pero sí sé que hay otros modos de proceder, cuando de “intercambiar de un modo eficaz y razonable los bienes” (me remito de nuevo a la RAE), estamos hablando. Porque hay bancos del tiempo que recuperan la idea del trueque y le dan otro valor a lo que sabemos hacer y los demás necesitan, que revitalizan las relaciones individuales y manejan billetes en forma de horas; porque existen redes de apoyo mutuo que mantienen vivos los vínculos comunitarios y que no beben del paternalismo ni de la caridad; porque existe un modelo económico que apuesta por el bien común, por muy utópico que ello pueda sonar; porque como en muchas zonas del continente africano ocurre, sistemas de crédito y ahorro (llamados “tontinas“), dirigidos a grupos de población con menos recursos (principalmente jóvenes y mujeres), demuestran ser eficaces fuera de la rigidez de la lógica bancaria.

El otro día, una chica me paró por la calle para intentar convencerme de las virtudes de cierta ONG bajo la llamada de – ¿puede dedicarme un minuto?, seguro que sí, tiene usted cara de solidaria -. Sinceramente, no paré, pues creo que la solidaridad hay que demostrarla o, más bien, manifestarla y vivirla, si así una lo desea, desde la honestidad a la que, una simple “caja”, nos invita. Creo en la verdadera reciprocidad, sin ingenuidades vacías ni pretendiendo ignorar mis carencias de conocimiento sobre el complejo engranaje que hace girar al sistema económico imperante. Creo en el poder de las acciones locales en un mundo donde lo global nos hace olvidar que la confianza, sigue existiendo.

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3 comments

  1. David dice:

    Me encantaría poder vivir en un lugar civilizado, en el que la gente conceptualizará todo como suyo, y por eso lo cuidara.
    Este tipo de opciones, y este tipo de formas de pensar la economía “real”, me parecen la alternativa a nuestro modelo.
    “Vivir mejor con menos y compartiendo”.

  2. Ana Poveda dice:

    Me uno a tus creencias,Virginia.Otro hecho,bastante más habitual.Lo relato como denuncia y reflexión,¿me dejas tu espacio?Vivo en una pequeña aldea rodeada de viñedo,almendros y olivos.Diariamente agricultores labran,riegan,podan para recoger sus frutos.Es una postal preciosa ver las vides repletas de uva.
    Y es entonces cuando aparece la gente de ciudad, o al menos gente no vecina del lugar.Vé las hermosas uvas al pasar en coche por su lado y sin pensarlo dos veces,saca una bolsa,unas tijeras y carga. ¡Qué fácil!
    Ciertamente los frutos de la tierra son de quién la habita…¡pero también de quién la trabaja!

  3. Iris dice:

    He tenido la suerte de vivir, quizá no de un modo tan gráfico, esta solidaridad, este honestidad, este ser y punto. Es fantástico descubrir un ambiente en el que eres lo que eres y no lo que posees, en el que la utilidad y el pragmatismo se desvisten de prendas de marca del Corte Inglés y se quedan en pelotillas.
    Dicen que no es posible. Lo que no entienden es que ya sucede, desde hace mucho tiempo, y es eterno.

    ¡Un beso enorme!

    Iris

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