Cambiar de postura

El hombre que hace el pino durante un minuto todos los días, es muy pero que muy indeciso. Sin embargo, cuando está cabeza abajo, se le aclaran todas las ideas. Que no sabe si es mejor regalarle a un amigo el jersey en verde o en negro: pues hace el pino y se decanta enseguida por uno. Que le da igual coger el billete de tren por la mañana que por la tarde, ningún problema: se pone a hacer el pino y ya no hay más discusión. Que si carne o pescado, que si playa o montaña, que si frío o calor, que si en tu casa o en la mía, que si con o sin cebolla,…, venga, un minuto haciendo el pino.

El hombre empieza a pensar que si en vez de un minuto está dos, seguro que las dudas se reducen considerablemente,…, y que si en lugar de dos aguanta hasta los cinco minutos, no tendrá que volver a plantearse qué es lo que prefiere. Así que lo prueba. Un minuto más y esa noche sabe exactamente qué quiere para cenar. Un minuto más, y a lo largo de todo el día va diciendo no a todas y cada una de esas llamadas inoportunas que pretenden venderle algo. Un minuto más y cuando deshoja una margarita todo lo que escucha es me quiere, me quiere, me quiere. Un minuto más y acaba escribiendo un best seller mientras se prepara el café.

¿Pero, qué es lo que me ocurre? De repente, el hombre se da cuenta de que no le es posible seguir manteniendo la misma postura haciendo el pino, pues las manos y el resto del cuerpo se le levantan del suelo como si la gravedad hubiera dejado de funcionar,…, ¿¡pero qué es lo que estoy haciendo en la luna!? Tan seguro de sí mismo se había vuelto y tantas decisiones en poco tiempo había tomado, que su fama le llevó a firmar autógrafos con el pie derecho y contratos con el izquierdo. Incluyendo, obviamente, el de atreverse a ser el primer hombre que lograría hacer el pino todos los días durante un minuto, en la luna.

Ahora que ha regresado a su planeta, a su casa y a su rutina, ya no ha vuelto a hacer el pino pues después de aquel fracaso, perdió toda su fe en que ver el mundo al revés era la solución para sus problemas.

Hola -le dice la mujer que hace dos volteretas cada tarde antes de merendar-, ¿te apetece girar conmigo?

Vigeland Park, Oslo

Vigeland Park, Oslo

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9 comments

  1. Terenci dice:

    Y de tanto girar juntos acabaron formando un solo ser…
    Genial Post :*

  2. Antonio dice:

    Como sigas así en poco tiempo libro de relatos cortos!!

  3. Ana Poveda dice:

    Sublime.

  4. Manuel Martín dice:

    Me has convencido, empezaré a hacer el pino a ver si subo a la luna y me encuentro una mujer que no le importe girar y girar…

  5. Celia Sánchez Dominguez dice:

    Me gusta mucho como escribes. Debías seguir el consejo de uno de tus seguidores y regalarnos un libro de relatos cortos. Resultan muy amenos.

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