Archive for Sin categoría

La higuera

Llevaba años esperando el tren. Allí, en aquella estación apartada en la que, otras personas, también esperaban: algunas de pie, otras sentadas, todas expectantes. Nadie hablaba, solo miraban, paseaban y esperaban. Y vuelta a empezar.

A un lado del edificio, justo enfrente de las vías, una higuera les observaba esperar. Su vida era tranquila y cíclica, ordenada y sin mucho que contar. Procuraba mantenerse viva, aunque el reto no resultaba fácil en ocasiones y cuando caía algo de lluvia, por poca que fuera, recuperaba la compostura.

Nada, ni rastro del tren.

Entonces la cámara cambia de plano. Deja la horizontalidad y enfoca verticalmente. Las vías de tren se transforman en una escalera infinita y los cuerpos que esperan, se agarran entre ellos para evitar caer.

Ya no hay estación. Ya no hay espera. Puedes subir para ver el paisaje desde otro ángulo, respirar un poco de aire fresco o descubrir lo que hay al final de la escalera. Puedes quedarte a medio camino, o a un cuarto de camino, puedes bajar y explorar.

¿Y la higuera? A ella sí que le toca seguir esperando pues con sus raíces no es fácil probar los escalones. Al fin y al cabo es un árbol, lo tiene asumido y además, le encanta. Lo único que desea es que alguien, desde allá arriba, mire.

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Acera 43

JERRY LOVES…

Tocaba la guitarra en el cementerio. Ese era, desde hacía un par de años, su trabajo a tiempo completo, un trabajo tan aparentemente relajado como intenso y repetitivo, un trabajo que procuraba envolver con buenas dosis de creencia en el altruismo y acompañar de repertorios nuevos. Todo por no caer en esa monotonía que el propio espacio ya traía de serie. Definitivamente no era el trabajo de sus sueños aunque, pese a la dureza, siempre lograba arrancarle la sonrisa a alguien.

El guitarrista nunca pudo ver su sonrisa, pero sonrió, vaya si lo hizo, el chico sonrió como nunca lo había hecho en vida. El chico del ataúd había sufrido mucho, tanto que si tuviera que medir su dolor, la cifra ganaría con creces a los pocos años que había llegado a cumplir. Siempre triste, siempre huraño, siempre solo. La noticia de su muerte fue un mazazo y ahora que ya era tarde, había más de dos que se arrepentían.

Desde el interior de la caja podía escuchar la música. No conocía ninguna de las melodías que el guitarrista iba interpretando, no habían formado parte de su banda sonora y, seguramente, nunca lo hubieran hecho de haber tenido la oportunidad de hacerse mayor. De repente se imaginó viejo y cansado, como su padre, sin despegar la vista del televisor cuando él trataba de atreverse y contarle el motivo por el que, otra vez, le habían expulsado del instituto. Y la imagen no le gustó.

Aquel chico, que cuando golpes e insultos nublaban su horizonte solía imaginar con ser domador de girasoles, se había quitado la vida, y ahora las notas se iban colando por las rendijas del ataúd, como si no quisieran que el silencio incómodo tuviera su propio espacio para respirar. Quizá acabó por enamorarse del guitarrista, quizá se sintió comprendido, quizá, por un instante, creyó que la vida merecía la pena.

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Y no te olvides de Forges

El hombre que dibuja, se sienta a esperar y mientras, observa. Lleva su rotulador en la mano porque nunca se sabe cuándo lo va a necesitar. Y entonces empieza a pasar gente, gente que pasea en silencio, así que le quita la capucha al rotulador y empieza a hacer trazos: un par de gafas por aquí a ese que parece no saber bien por dónde camina,…, una cama por allá, para aquellla que piensa mejor en horizontal y mirando al techo,…, una isla desierta para quienes desean alejarse de todo pero lo echan de menos al instante,…, un par de abuelas con pañuelo, que siempre aportan una visión fresca de la vida. Cuando la gente empieza a ser consciente de esos trazos, comienza a reír, y le piden más y más trazos al dibujante, porque quieren reír y quieren reír porque saben que el humor es algo serio, muy pero que muy serio, tanto, que si añades una cucharadita de buenas viñetas a tu desayuno diario, tu tracto intestinal mejorará automáticamente. Comprobado.

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Escenas locas veraniegas para gato y búho

Obra de arte en piedra de Leticia Amat

Obra de arte en piedra de Leticia Amat

El gato maúlla historias con raspa y el búho observa en silencio. No funciona la traducción simultánea.

¿Y desde cuándo me has dicho que conoces este árbol?

El búho ulula canciones a la luz de la luna y el gato sonríe por dentro. Todas le suenan igual.

¿Podemos dejar de posar por unos minutos? Se nos empiezan a entumecer las patas.

El gato twitea Read more

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