Deportes, en plural

Me gusta el deporte, en plural, los deportes, practicarlos sobre todo, pero también disfrutar de un buen partido o de una competición adrenalínica. Me encantan los años en los que se celebran Olimpiadas, como éste, porque puedes poner la televisión a cualquier hora y ver doma clásica, tiro, vela, volley playa, baloncesto o cualquier otro deporte que no suele aparecer en los telediarios o bien, del que nunca antes escuchaste el nombre de algún representante. Por unos días, pocos a mi gusto, te puedes crear la ilusión de que el deporte, de que los deportes son, en realidad, algo más que fútbol.

Durante los Juegos Paralímpicos celebrados hasta el pasado domingo 9 de septiembre en Londres, tuve la suerte de ver cómo la nadadora ucraniana Viktoriia Savtsova (en el centro), ganaba a sus 14 años la medalla de oro en los 100 metros braza (categoría SB6, es decir, afectada por una minusvalía motriz, consecuencia a su vez de una parálisis cerebral). Y digo suerte porque no la conocía y porque, a partir de ese momento, quisiera poder recordarla por mucho tiempo. Espero que el rostro de felicidad que Viktoriia muestra en el momento de recibir su medalla y compartirla con sus compañeras de podio, me venga a la memoria cada vez que algún asunto banal de la vida cotidiana crea poder más que yo.

El mismo día que Savtsova ganaba el oro, la Fundación Príncipe de Asturias daba a conocer el galardón destinado a la categoría del deporte. Los premiados, Iker Casillas y Xavi Hernández. Los motivos, un conglomerado de ingredientes como el hecho de haber ganado importantes títulos, ser ejemplo de juego limpio, amistad y compañerismo, así como representar la capacidad de superar las diferencias entre sus respectivos clubes. Ciertamente los argumentos son loables, pero cuando una se entera de que Casillas y Hernández han sido elegidos dejando atrás la candidatura del Comité Paralímpico Español, cualquier argumento se vuelve una mera justificación, las palabras se deshacen y entonces, no comprendes absolutamente nada.

En la gala de clausura de los citados Juegos, el presidente del Comité Paralímpico Internacional, Philip Craven, contó la anécdota de un niño al que le estaban contando un cuento cuyo protagonista era un pirata; al ver que éste llevaba una pata de palo, dijo: _ si solamente tiene una pierna, entonces debe ser un deportista_. Es fantástico ver cómo algo o alguien pierde su capa de invisibilidad y va adquiriendo ese traje de normalidad que la fuerza de la costumbre es capaz de tejer.

Hay muchas maneras de crear realidades pero lo que está claro es que si de algo no se habla (se muestra o se reconoce públicamente) es difícil que el mundo crea que exista porque, simplemente, se le está negando la oportunidad de conocerlo.

“Si no tuviera quien comparte conmigo el recuerdo de esa noche, estaría seguro de haberla soñado” (Ventanas de Manhattan, A. Muñoz Molina)

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4 comments

  1. Cris dice:

    Querida mía:
    Por fin puedo leer esto, pues desde el móvil no podía acceder bien.
    En primer lugar ¡enhorabuena! En segundo, paciencia con las herramientas. WordPress es sencillo pero tiene su miga.
    Un gran abrazo

  2. David dice:

    Yo también tuve la oportunidad de presenciar el momento de la entrega de medallas, y se me pusieron los pelos de punta.
    Creo que tendré la imagen de esa chica siempre en mi retina, y me pareció una oportunidad para aprender y disfrutar del DEPORTE (con mayúsculas).
    Ánimo con el blog.
    Un abrazo gordo.

  3. Terenci dice:

    Trataré también de recordar la sonrisa de Viktoriia cuando se apodere de mi algún mal banal 🙂
    Apuntada quedas en mis favoritos.
    Un beso.

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