Y no te olvides de Forges

El hombre que dibuja, se sienta a esperar y mientras, observa. Lleva su rotulador en la mano porque nunca se sabe cuándo lo va a necesitar. Y entonces empieza a pasar gente, gente que pasea en silencio, así que le quita la capucha al rotulador y empieza a hacer trazos: un par de gafas por aquí a ese que parece no saber bien por dónde camina,…, una cama por allá, para aquellla que piensa mejor en horizontal y mirando al techo,…, una isla desierta para quienes desean alejarse de todo pero lo echan de menos al instante,…, un par de abuelas con pañuelo, que siempre aportan una visión fresca de la vida. Cuando la gente empieza a ser consciente de esos trazos, comienza a reír, y le piden más y más trazos al dibujante, porque quieren reír y quieren reír porque saben que el humor es algo serio, muy pero que muy serio, tanto, que si añades una cucharadita de buenas viñetas a tu desayuno diario, tu tracto intestinal mejorará automáticamente. Comprobado.

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4 comments

  1. Enric dice:

    Oye,!hacía días! y qué bonitos.
    Me alegro de tu vuelta.

  2. Jesús dice:

    Hola, gracias por el homenaje a Forges,
    a la libertad, a la diversidad y por obsequiarnos de nuevo con tu hermosa prosa.

  3. Antonio dice:

    Fantástico! En breve tienes para encuadernar un libro con tantos relatos 🙂

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