Picatostes 5

EL MEJOR
El niño que fantasea con ser el mejor silbador del mundo, sale de su casa. Enfila escaleras abajo y llega al cuarto piso imaginando que recibe una llamada de la Federación Nacional de Silbadores para concursar en su próximo campeonato. Sigue restando escalones, continua silbando y su ilusión le lleva, en la segunda planta, a recibir el Oscar a la Mejor Canción Original Silbada del año. Cuando sus pies alcanzan el piso número 1, ya se ha dibujado en la portada del New York Whistle como uno de los talentos silbadores más jóvenes del siglo XXI, y al abrir la puerta de la calle, una invisible avalancha de fans se echa sobre él para corear sus mejores melodías. En el camino al colegio, los silbidos se vuelven imperceptibles entre el tráfico, aunque él puede seguir escuchándolos perfectamente en su mente. Él y ese pájaro que se atusa el plumaje sobre la rama de un árbol enclenque, y que se queda petrificado al identificar en los silbidos un ancestral acento que su especie, hace ya tiempo, creyó perdido para siempre.

MUCHA TELA
El hombre de más de 40 sale de compras con su madre. Buscan telas, telas brillantes, telas faraónicas, telas con las que hacer un disfraz para carnaval. El hombre no es muy diestro en lo de ir de tiendas y su madre, quien siempre soñó con tener una niña para poder ponerle vestidos, no deja pasar la oportunidad de experimentar lo que pudo ser. Y así van de chino en chino y de mercería en mercería, la madre delante, el hijo detrás. Cuando ella pregunta a la dependienta cuántos metros de gasa harían falta para darle a su hijo aspecto noble, ojos como platos y ninguna respuesta es lo primero que obtiene como medida. El hombre de más de 40 disfruta de la compañía de su madre, y aunque le resulta algo embarazosa la situación, se muere de ganas por gritar al mundo: ¡sí, tengo alma coplera y cuento los días para poder vestirme como Liz Taylor en Cleopatra! (o como dice su madre, Leoparda)
(Relato narrado en el programa de radio dirigido por Víctor Sánchez “La acera de enfrente“- Radio Jove Elx – jueves 23/02/17)

PALOS DE CIEGO
El ciego cegado de amor, recupera la vista cuando al marcharse de la desastrosa cita a ciegas, es consciente de que amar no significa, necesariamente, jugar a la gallinita ciega.

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4 comments

  1. Enric dice:

    !Qué chulos! !Muchas gracias!

  2. Gosan dice:

    Como siempre chulísimos… lo de Leoparda me ha encantado 🙂 Que chulo ir con tu madre de tiendas a los 40… y a la edad que haga falta.
    Lo ideal es amar sin frenos, sin llevar los ojos tapados… la gallinita ciega, en los parques 🙂
    Un beso Virginia, como siempre, fina, elegante, genial. Gracias por tu generosidad al compartir tan lindos relatos.

  3. Cristi dice:

    Intuyo las inspiraciones, jejeje…Yo me quedo con el del pajarito. Me gustó mucho.

    Besos

  4. Ana Poveda dice:

    Cuando bebo-como gazpacho en invierno,igual que en verano,me gusta morder entre los picatostes pequeños pedazos de pepino…Son como gustosas sorpresas.Comer aquello que no te esperas y que existe en mucha menos cantidad que el resto de barquitos sólidos sobre esa sopa fresca.
    Gracias por los pedacitos de pepino entre los picatostes(si la proporción fuera menor de éstos últimos,te agradecería los picatostes).

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